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Noam Chomsky
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  #1  
Viejo 24/oct/03, 12:12
ppmena
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Predeterminado Noam Chomsky

escritos, documentos, entrevistas ...
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  #2  
Viejo 24/oct/03, 12:12
ppmena
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Predeterminado La nueva economia global

La nueva economia global
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Estuve en Brattle Street, Cambrídge, (Se refiere a Cambridge, Massachusetts, en Estados Unidos. (N.T.)) la pasada noche. Había mendigos, gente pidiendo dinero, gente durmiendo en los portales. Esta mañana, en la estación de metro de Harvard Square lo mismo.

El espectro de la pobreza y la desesperación se ha ido íncrementando hasta alcanzar, lógicamente, a la clase medía e incluso a la clase alta. Ya no se puede evitar enfrentarse con este fenómeno de la misma forma que hace unos años, cuando estaba circunscrito a una parte de la ciudad. Tiene mucho que ver con la pauperización de Estados Unidos, creo que usted la llama la «tercermundizacíón» íntema.

Hay varios factores implicados. Hace 20 años se produjo un gran cambio en el orden mundial, simbolizado en parte, por el desmantelamiento del sistema económico de posguerra llevado a cabo por Richard Nixon. Nixon reconoció que la dominación norteamericana de todo el sistema había declinado, y en el nuevo orden tripolar, con Japón y una Europa liderada por Alemania jugando cada día un papel más importante, Estados Unidos ya no podía seguir siendo, en efecto, el banquero mundial.

Esto condujo a aguantar una mayor presión de las corporaciones que querían mantener su tasa de beneficios, y por lo tanto, a un ataque sistemático contra los gastos sociales. Las migajas de que antes disfrutaba la gente corriente se esfumaron. Todo tenía que ir a parar a manos de los ricos.

También hubo una tremenda expansión de capital irregular en el mundo. En 1971 Nixon desmanteló el sistema Bretton Woods, que regulaba los tipos de cambio. Esta medida y otras expandieron tremendamente la cantidad de capital irregular por todo el planeta, y aceleró lo que se ha dado en llamar globalización o internacionalización de la economía.

Esa es una manera amable de decir que se iba a ejercer una gran represión sobre los trabajadores productivos y a coartar las posibilidades de producir localmente. Por supuesto también es una manera de incrementar los beneficios de las empresas. Y es mucho más fáicil hacerlo con la libre circulación de capitales, el desarrollo de las telecomunicaciones etc.

De esta globalización se deducen dos grandes consecuencias. La primera es que se extiende el modelo del Tercer Mundo a los países industrializados. En el Tercer Mundo existen dos clases interconectadas: un sector de extrema riqueza y enormes privilegios y otro de enorme miseria y desesperación, de gente desempleada, superflua.

Las políticas impuestas por Occidente están profundizando esta división. Se está imponiendo un sistema de «libre mercado neoliberal» que dirija los recursos a los ricos y a los inversores extranjeros, con la idea de que algo funcionará como por arte de magia, cuando aparezca el Mesías.

Esto está sucediendo en todo el mundo industrializado, pero con mayor crudeza en los tres países anglófonos. Durante la década de los ochenta la Inglaterra de Margaret Thatcher, Estados Unidos con Reagan y Australia bajo un gobierno laborista, adoptaron algunas de las doctrinas que habían apadrinado para el Tercer Mundo.

Por supuesto, nunca iban a tomarse la ración completa. Sería demasiado alarmante para los ricos. Pero rondaban en torno a la idea. Y se le temía. Quiero decir que la sabia la población en general.

Tomemos por ejemplo el barrio del sur de los Ángeles. Ahí hubo alguna vez fábricas. Ahora se han trasladado a Europa del Este, México, lndonesia, allí donde hay campesinas que abandonan las tierras. Para los ricos estupendo, igual que en el Tercer Mundo.

La segunda consecuencia, que también es importante, tiene que ver con las estructuras gubernamentales. A través de la historia, éstas han tendido a fundirse con otras formas de poder, recientemente con el poder económico. Así, cuando se tienen economías nacionales, se obtienen Estados nacionales. Bien, ahora tenemos una economía internacional y nos movemos hacia un Estado internacional, lo que al final, viene a significar un gobierno internacional.

Para citar a la prensa económica estamos creando una «nueva edad imperial» con un «gobierno mundial de facto». Éste tiene sus propias instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, estructuras comerciales como el Tratado de Libre Comercio Norteamericano y el GATT, Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio, reuniones de tipo ejecutivo como el Grupo de los Siete, los siete países más industrializados del mundo, Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Canadá e Italia, que se reúnen periódicamente para discutir la política económica, y la burócrata Comunidad Europea.

Y como se puede esperar, esta compleja estructura de toma de decisiones responde básicamente a los intereses de las grandes corporaciones, los bancos internacionales etc. También es una barrera efectiva para la democracia. Todas estas estructuras elevan sus decisiones a nivel ejecutivo, dejando lo que se denomina un «déficit democrático», parlamentos y pueblos enteros con una sustancial merma de poder.

Y no sólo eso, la gente no sabe lo que está sucediendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe.

Como resultado se produce una alienación de las instituciones. la gente siente que éstas no les sirven.

Y por supuesto que no sirven. La gente no sabe lo que sucede en ese remoto y secreto nivel de toma de decisiones. Esto ha constituido un gran éxito en la tarea a largo plazo de desproveer de sustancia a las estructuras democráticas.

- En la conferencia dada por Clinton en Little Rock y en otras partes del país, se hacían multítud de referencias sobre el despegue económico y la recuperación de la competitívidad. El economista político Gar Alperovitz escribió en The New York Times que lo que se había propuesto «no profundizaba en nuestros problemas económicos. Simplemente estamos instalados en una larga y dolorosa era de receso económico sin resolver». ¿Está usted de acuerdo con esto?

- Todavía no he podido echar una mirada a ese artículo, pero el Financial Times, el influyente diario económico londinense, ha estado comentando con placer el conservadurismo fiscal de Clinton y sus asesores.

Y eso tiene serias consecuencias. En primer lugar debemos ser cuidadosos con el uso de los términos. Cuando alguien afirma que América está en un largo período de decadencia, habría que ver qué se entiende por América. Si se quiere señalar el área geográfica de Estados Unidos estoy de acuerdo. las nuevas políticas implementadas sólo van a tener un efecto cosmético. Ha habido decadencia y seguirá habiendo decadencia. El país está adquiriendo muchas de las características del Tercer Mundo.

Pero si se está hablando de las corporaciones que tienen sus sedes en Estados Unidos, entonces no estoy de acuerdo. los indicadores muestran lo contrario; el índice de productos manufacturados se mantiene estable o está probablemente creciendo, mientras que los índices que miden a Estados Unidos arrojan cifras descendentes. Ésta es una consecuencia directa de trasladar la fuerza productiva al exterior.

General Motors, como señalan constantemente los periódicos, está cerrando unas 24 fábricas aquí. Pero en la letra pequeña se puede leer que está abriendo otras, incluyendo una de alta tecnología en la antigua Alemania del Este con un costo aproximado de 700 millones de dóIares. Ésta es una zona de alto índice de paro donde General Motors puede ahorrarse un 40% en salarios y quedarse con todos los beneficios.

Aparecía una bonita historia en la portada de The Financial Tímes, en la que se aplaudía la idea. Como decían, la General Motors ya no tiene que preocuparse por los mimados trabajadores de Europa Occidental. Ya pueden sobreexplotar a los trabajadores de Alemania del Este que han sido empujados a su tradicional papel de tercermundistas. Lo mismo está sucediendo en México, Thailandia etc.

- Las recetas para nuestra economía son parecidas «dejemos actuar al mercado». Hay una exaltación del libre mercado, que ya comienza a ser asumido como un mito: «corrige todos los problemas». ¿Hay alternativas?

- Primero hay que separar la ideología de la praxis, porque hablar en este momento de libre mercado es una broma. Al margen de los ideólogos, los académicos y la prensa, nadie piensa que el capitalismo es un sistema viable, y nadie lo ha pensado en los últimos 60 o 70 años.

Herman Daly y Robert Goodland, dos economistas del Banco Mundial, han difundido, recientemente, un interesante estudio. En él señalan que la teoría económica, la teoría clásica en la que se suponen están basadas las principales decisiones en este área, dibujan el panorama de un océano de mercado libre con pequeñas islas firmemente enclavadas. Estas islas, por supuesto, no están internacionalmente aisladas, sino que están controladas desde el centro.

Pero no hay problema, porque no son más que pequeñas islas en un océano. Se supone que tenemos que creer que esos enclaves no son mucho más diferentes que la tienda de ultramarinos de la esquina.

Daly y Goodiand también sostienen que tales islas se están aproximando al tamaño de un mar. Un gran porcentaje del comercio fronterizo se realiza dentro de un solo enclave, por lo que es dificil denominarlo «comercio transnacional». lo que sí existe en realidad son transacciones comerciales controladas centralmente por una mano muy visible que lo dirige, el entramado de las grandes corporaciones. Y hay que añadir que el océano soporta solamente una de las caracterizaciones, y además parcial del libre comercio.

De manera que se puede afirmar que una de las alternativas al sistema de libre mercado es la que ya tenemos, porque a menudo no confiamos en el mercado, donde poderosos intereses pueden verse dañados. Nuestra actual política económica es una mezcla de proteccionismo, intervencionismo, libre mercado y medidas liberales. Y está fundamentalmente dirigido a satisfacer las necesidades de aquellos que ponen en práctica la política social, la mayoría pertenecientes a los ricos y los poderosos.

Por ejemplo, Estados Unidos siempre ha tenido una política industrial pública muy activa. Es comúnmente aceptado que un sistema de empresa privada sólo puede sobrevivir si se produce una intervención estatal masiva. Es necesaria para regular la anarquía del mercado, y para proteger el capital privado de los efectos destructivos del sistema de mercado, y para organizar los subsidios públicos destinados a objetivos de la industria punta.

Pero nadie lo llama política industrial, porque a lo largo de medio siglo se ha enmascarado con el sistema del Pentáigono. lnternacionalmente el Pentágono era una fuerza de intervención, pero en casa la realidad es que era un método mediante el cual el gobierno podía coordinar la economía privada, subsidiar a las principales corporaciones y apoyarlas, dirigir el dinero de los contribuyentes a la investigación y desarrollo, facilitar una garantia estatal para controlar el exceso de producción, y seleccionar industrias para un ulterior desarrollo. Todos los éxitos de la industria norteamericanos se han basado en este apoyo gubernamental.

- En la conferencia de Littie Rock escuché a Clinton hablar acerca de los problemas estructurales y de reconstruir las infraestructuras. Una participante, Ann Markusen, economista y autora del libro «Desmantelando la economía de la Guerra Fría» e intervino para señalar los excesos del sistema del Pentágono y los daños y las distorsiones que ese sistema ha causado a la economía norteamericana. De forma que parece que hay alguna discusión sobre esos temas, lo que es algo que no me hubiera atrevido a aventurar antes.

- La razón es que no se puede mantener intacto el sistema del Pentágono. Tienen que empezar a hablar de ello porque se le está cayendo la máscara. Es difícil conseguir ahora que la gente reduzca su nivel de consumo y frene sus deseos de que los fondos públicos no sean destinados a la industria de alta tecnología con la excusa de que vienen los rusos.

O sea, que el sistema tiene problemas. Los economistas y los banqueros han estado clamando durante cierto tiempo que una de las principales razones por las que el actual receso es tan profundo es que el gobierno ha sido incapaz de proporcionar los recursos necesarios para incrementar los gastos militares, con todos sus efectos multiplicadores, el mecanismo tradicional de estimular la economía. Aunque están en marcha varias iniciativas para lograrlo, y según mi opinión las operaciones en Somalia suponen un gran esfuerzo de relaciones públicas del Pentáigono, ya no es posible continuar actuando como si nada hubiera sucedido.

Y hay otro factor a considerar. las restricciones de fondos públicos a la industria han sido destinadas a otros sectores, alejados de la industria basada en la electrónica de la posguerra, y dirigidos ahora hacia la industria y el comercio basados en la biología.

La biotecnología, la ingeniería genética, la creación de nuevas semillas y drogas, incluso el diseño de nuevas especies, etc., están destinadas a proporcionar grandes beneficios a la industria. El enorme campo abierto es más importante que la electrónica. En realidad si se compara la biotecnología, que puede extenderse hasta la esencia de la vida, con la electrónica, ésta queda reducida a una menudencia.

Pero es dificil disfrazar las aplicaciones del gobierno en estas áreas bajo la cobertura del Pentágono. incluso si los rusos estuvieran ahí, amenazantes, sería dificil.

Existen diferencias entre los dos partidos políticos sobre lo que debe hacerse. El de Reagan y Bush, más fanáticos ideológicamente, es más reacio a una apuesta ilimitada. Son un poco más dogmáticos. El de Clinton está decididamente a favor. De hecho fue una de las principales razones por las que Clinton recibió un apoyo significativo del mundo empresarial.

Tomemos la cuestión de las «infraestructuras» o «del capital humano», una forma vulgar de decir que hay que mantener a la gente viva y permitirles tener una educación. Por ahora el mundo empresarial es bien consciente de que existe un problema. The Wall Street Journal por ejemplo, era el más ardiente defensor de la política lunática de Reagan hace 10 años. Ahora están publicando artículos en los que deploran las consecuencias, sin reconocer, por supuesto, su responsabilidad.

Publicaron un gran reportaje sobre el colapso del sistema educativo en California, sobre el que se mostraban muy negativos. los empresarios de la zona de San Diego habían confiado en el sistema público para que les proveyera de trabajadores cualificados, gerentes en prácticas, investigadores especializados, etc. Ahora el sistema está en bancarrota.

La razón es obvia, los grandes recortes en gastos sociales del presupuesto federal y las medidas fiscales y de otro tipo que han incrementado el déficit federal, apoyadas por The Wall Street Journal, simplemente se han dirigido a mantener a la gente viva y al funcionamiento de los Estados. Éstos no son capaces de soportar la carga. Se encuentran con grandes problemas y han tratado de pasar la «patata caliente» a los ayuntamientos, que por cierto, también tienen considerables problemas.

Lo mismo es aplicable a los ricos que pueblan las zonas residenciales de Boston. les gustaría subirse a sus limusinas y bajar al centro por una buena carretera. Pero está llena de baches. También les gustaría pasear por la ciudad e ir al teatro sin que les apuñalen.

De manera que los ejecutivos están quejándose. Quieren que el gobierno retorne a su intervención y que les facilite lo que necesitan. Esto supone una marcha atrás en el fanatismo con que The Wall Street Joumal y otros medios han aplaudido la situación durante los años anteriores.

- Hablar de ello es una cosa, ¿pero de verdad saben qué hacer?

- Sí creo que tienen una pista. Si se escucha a economistas listos como Bob Solow, que comenzó el debate en litfle Rock, te das cuenta de que tiene un puñado de bonitas ideas.

Lo que quieren hacer lo hacen abiertamente Japón y Alemania y cualquier economía funcional; básicamente confiar en las iniciativas gubernamentales que proporcionan las bases del beneficio privado. En la periferia de Japón, Corea del Sur y Taiwan por ejemplo, estamos asistiendo a una salida del modelo del Tercer Mundo, y una entrada en un modelo de sociedad industrializada a través de una intervención estatal masiva.

No solamente el Estado es suficientemente poderoso para controlar a los trabajadores, también es capaz de controlar al capital. Durante los años ochenta América latina tuvo un gran problema de evasión de capitales porque estaba abierta a los mercados internacionales de capital. Corea del Sur no tiene ese problema, existe la pena de muerte para ese delito. Como cualquier analista con sentido común, usan el mercado para atraer capitales, pero controlados por una dirección central.

Estados Unidos lo ha estado haciendo indirectamente a través del sistema del Pentágono, que es el paradigma de la ineficacia. Ya no va a funcionar tan bien como antes, de manera que a nuestros gobernantes les gustaría ahora mantenerlo sin tapujos. la cuestión es si se va a poder hacer. Un problema es el enorme déficit que nos ha legado la administración Reagan, federal, a nivel de Estado, local e incluso a nivel de ama de casa, lo que hace extremadamente difícil implementar programas constructivos.

- No hay capital disponible.

- En efecto. Probablemente eso formó parte intencionadamente del programa de Reagan de endeudarse y gastar.

- ¿Eliminar el capítal?

- Recuerdo hace 10 años, cuando David Stockman, director de la Oficina del Presupuesto en los primeros años de Reagan, fue despedido y mantuvo algunas entrevistas con el periodista económico William Greider.

Entonces Stockman sostuvo que se trataba de poner coto a los gastos sociales, por el camino de la deuda. Pero siempre habría suficiente para subsidiar a los ricos. Aunque no se podía ayudar a las madres con hijos a su cargo; el dinero sólo para los ejecutivos de las grandes empresas.

De cualquier forma el problema de la deuda, en lo que a su volumen se refiere, no debería ser un gran obstáculo. Ya hemos tenido déficits mucho mayores, no en valores absolutos, pero sí comparados con el Producto Interior Bruto. El monto total de la deuda esta sujeto a sus diferentes formulaciones estadísticas. Se la puede revestir de distintos ropajes según se formule. En cualquier caso no supone algo que no pueda ser solucionado.

La cuestión es ¿qué se ha hecho con todo ese dinero? Si todo lo que se ha gastado en los últimos 10 años hubiese sido destinado a propósitos constructivos, infraestructuras o inversiones productivas por ejemplo, estaríamos de acuerdo. Pero, de hecho, los gastos han ido a parar al bolsillo de los ricos, o han estado destinados al consumo, lo que significa incrementar las importaciones, y por lo tanto el déficit comercial. A la manipulación financiera o a pura especulación. Todos, objetivos dañinos para la economía.

Y hay otro problema, un problema de índole cultural o ideológico. El gobíerno ha confiado durante años en el aparato propagandistico que negaba estas evidencias. Son otros los países que soportan intervención gubernamental y gastos sociales, nosotros somos individualistas feroces. Por supuesto que la IBM no recibe nada del gobierno. Recibe y mucho, pero a través del sistema del Pentágono.

La propaganda oficial ha desatado la histeria sobre el tema de los impuestos, y eso que si nos comparamos con países similares estamos muy por debajo de ellos en este tema. Y también se ha dirigido contra la burocracia que se lleva parte de los beneficios, por ejemplo protegiendo a los trabajadores y los derechos de los consumidores. Claro está que la burocracia que se dedica a subsidiar a la banca y a la industria es muy conveniente.

Al margen de la propaganda, la gente en este país es realmente muy individualista, y no le gusta recibir órdenes. No va a ser fácil venderle una política industrial de ayudas y subsidios. Estos factores culturales son importantes.

En Europa existe una especie de contrato social. Ahora está declinando pero ha estado impuesto durante largo tiempo por la fuerza de los sindicatos y la relativa debilidad de la patronal, que por razones históricas no tiene la misma fuerza que aquí. los gobiernos europeos velan por supuesto, por los intereses empresariales pero han tejido una importante red para el resto de la población. Hay un sistema público sanitario, unos servicios razonables, etc.

Nosotros no los tenemos en parte porque la clase trabajadora no ha tenido ni la misma fuerza ni la misma organización, y porque además la patronal sí tiene una conciencia más clara y una organización más firme.

En Japón se dan casi los mismos resultados que en Europa, pero debidos fundamentalmente a una cultura de corte totalitario. La gente hace lo que se le dice. Sólo hay que decirles que bajen el nivel de consumo o que trabajen más y obedecen. Esto sería impensable aquí. Por otra parte su nivel de vida es muy bajo si lo comparamos con el nivel de riqueza del país.

- Dada la situación económica, debería ser una buena ocasión para que la Izquierda, el movimiento progresista, planteara propuestas concretas. Pero la izquierda parece atascada en una guerra de aniquilación mutua, con un modelo de actuación puramente reactivo. No toma iniciativas.

- Lo que la gente llama «la izquierda», los movimientos pacifistas y de las libertades o lo que sea, se ha expandido enormemente a través de los años. Pero son muy localistas. Se centran sobre problemas particulares y consiguen resultados.

Pero no tienen una visión más amplia o una estructura organizativa. La izquierda no puede fundirse con los sindicatos, porque éstos prácticamente ya no existen. Para desarrollarse es necesaria cierta estructura.

Prácticamente no existe una inteligencia de izquierda, es decir un grupo o clase diferenciado de intelectuales. Nadie plantea lo que debe hacerse, o está disponible para dar charlas. La lucha de clases de las últimas décadas ha conseguido sus objetivos de debilitar a las organizaciones populares. La gente está aislada.

También debo decir que los problemas que debemos arrastrar son muy profundos. Siempre es bueno conseguir reformas. Sería magnífico conseguir más dinero para los niños que pasan hambre. Pero hay otros problemas objetivos que nos encontramos si recorremos el país.

Un problema fue amablemente planteado a la administración Clinton por un arficulo de portada de The Wall Street Joumal el otro día. Se preguntaba que sucedería si la administración se tomara en serio su propia retórica, como la del gasto en programas sociales. Ojo, no va a suceder, pero ¿y si alguien se tomara en serio su propio discurso?

Estados Unidos está en manos de la comunidad financiera internacional a causa de la deuda. Ellos tienen la llave de la política norteamericana. Si algo sucediera aquí que no gustara a nuestros acreedores, por ejemplo que se incrementaran los salarios de los trabajadores y les disminuyesen los beneficios a corto plazo, podrían retirarse del mercado de la deuda pública estadounidense.

Esto haría subir las tasas de interés, lo que deprimiría la economía, que a su vez elevaría el déficit. The Wall Street Joumal señalaba que el programa de gastos de Clinton de 20.000 millones de dóIares, podría costarle al gobierno más de esa cantidad, ya que produciría significativos cambios en la compra y venta de bonos de deuda pública.

De esta forma los programas sociales, incluso en un país tan rico y poderoso como el nuestro, el más rico y poderoso de todos, están hipotecados a la comunidad financiera internacional. Estos son problemas que hay que resolver, y significan enfrentarse a cambios revolucionarios.

Se ha publicado que existe un debate en el seno de la administración Clinton, con Laura Tyson y Robert Reich manteniendo posturas aparentemente enfrentadas, sobre la necesidad de proteger a los trabajadores norteamericanos. De acuerdo con las informaciones facilitadas, la posición de Reich consiste en que hay que protegerlos, no importando a quien pertenezca la empresa; la de Tyson consiste en protegerlos pero sóIo si la empresa esta radicada en Estados Unidos.

Todos estos debates asumen de antemano que son los inversores quienes tienen el derecho de decidir lo que vaya a suceder. De forma que las cosas hay que hacerlas lo suficientemente atractivas para que las acepten. Pero si son los inversores los que llevan la batuta, poco va a cambiar.

Es como tratar de cambiar el sistema proporcional de representación popular u otro tipo de sistema representativo, usando el parlamento de un Estado totalitario como foro de discusión. las cosas pueden cambiar un poco, pero no significativamente.

Hasta que no se llegue a la fuente del poder, esto es, a los propios inversores, todos los cambios posibles son sólo cosméticos, y sólo pueden tener lugar de forma muy limitada. Si fueran demasiado lejos, los inversores tomarían otro tipo de decisiones y nada se hubiera avanzado.

Desafiar el derecho de los inversores a decidir quién vive, quién muere, y cómo se vive y se muere, significaría un paso adelante en dirección a los ideales liberales, los verdaderos ideales liberales. Eso sería un cambio revolucionario.

- Me gustaría introducir otro actor. Psicológicamente es mucho más fácil criticar algo que proponer ideas constructivas. Aquí juegan dinámicas totalmente diferentes.

- Se ven cantidad de cosas que están mal. Se pueden proponer pequeños cambios. Pero para ser realista, los cambios sustanciales, los que alteran la dirección de los acontecimientos y propician problemas de índole diferente, requieren una profunda democratización de la sociedad y del sistema económico.

Una empresa o una gran corporación esconden un sistema interno de corte fascista. El poder está en la cúspide. las órdenes llegan hasta el escaión más bajo. O se siguen las órdenes o te vas.

La concentración de poder en esas estructuras hace que cualquier iniciativa política o ideológica se vea constreñida. No todo está controlado al cien por cien, pero está agudamente constreñido. Esto son hechos.

La economía internacional impone otro tipo de limitaciones. No se pueden obviar estas características. Si alguien se preocupa de leer a Adam Smith en lugar de parlotear sobre él, se dará cuenta de que Smith sostiene que la política social está basada en las clases sociales. Admitió que se basaba en análisis de clase.

Si se estudia la materia con seriedad en la Universidad de Chicago, reducto de Milton Friedman y otros economistas de derechas, se aprende que Adam Smith denunció el sistema mercantilista y el colonialismo porque estaba a favor del libre comercio. Esto es sólo la mitad de la verdad. la otra mitad es que también dijo que el sistema mercantilista y el colonialismo eran muy beneficiosos para «los mercaderes y los manufactureros ... los principales arquitectos de la política», pero perjudicial para los propios ingleses.

Para abreviar, era una política de clase la que trabajaba en favor de los ricos y los poderosos en Inglaterra. El pueblo inglés sufría las consecuencias. Smith se oponía a esto porque era un brillante intelectual, pero lo reconocía. Si no se reconoce el fenómeno no se habita en el mundo real.
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Viejo 24/oct/03, 12:12
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Predeterminado Los «milagros económicos» del Tercer Mundo y la alimentación

Los «milagros económicos» del Tercer Mundo y la alimentación
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Háblenos de la economía política en el capítulo alimentarlo, su producción y distribución, en el marco de las políticas implementadas por el FMI y el Banco Mundial. Estas instituciones ofrecen crédítos al Sur bajo estrictas condiciones: tienen que promover una economía de mercado, pagar estos créditos en monedas fuertes e incrementar las exportaciones, como el café para que podamos tomar 'cappuccino' o carne para que nos atraquemos de hamburguesas, a expensas de la agricultura tradicional indígena.

Lo ha descrito con todo detalle. Es también interesante mirar detenidamente los casos individuales. Tomemos Bolivia. Ha habido dictadores brutales y represivos, y una gran deuda exterior, todos los elementos característicos.

Occidente acudió con todas las recetas del FMI; Jeffrey Sachs, experto de Harvard fue consejero del país. Comenzaron a implementarse las típicas medidas: estabilización monetaria, recortes de la producción destinada al consumo interno, etc. Funcionó. las cifras, las estadísticas, arrojaban unos resultados satisfactorios. la moneda se estabiiizó. la deuda se redujo. El Producto Nacional Bruto se incremento.

Pero subsistian algunos moscardones volando sobre la miel. La pobreza se incrementó. la malnutrición tres cuartos de lo mismo. El sistema educativo se derrumbó. Pero lo más interesante es que lo que estabilizó la economía fue la exportación de coca, la planta. Ahora representa dos terceras partes de las exportaciones bolivianas.

Por supuesto los campesinos no sacaron gran provecho del «milagro». Tómese a un campesino de cualquier país, inúndese sus tierras con productos agrícolas norteamericanos subsidiarios, probablemente importados a través de un programa de ayuda como el de Alimentos para la Paz, y compruébese si puede competir o subsistir. Se ha creado un panorama en que sóio se puede cultivar para la exportación. El campesino no es idiota. Producirá el producto que rinda más, es decir coca.

Tampoco es que reciban ingentes cantidades de dinero por hacerlo, y se enfrentará a las armas y los helicópteros de la DEA, pero por lo menos podrá subsistir. Y el mundo se inundará de coca.

Los beneficios van a parar a las mafias, o a los bancos neoyorquinos. Nadie sabe cuántos cientos de miles de dólares procedentes de los beneficios del negocio de la coca pasan por los bancos de Nueva York o de sus filiales, pero sin duda, muchos.

También reciben su tajada las compañías químicas estadounidenses, que como es bien sabido, exportan los reactivos necesarios para la producción de cocaína en América Latina. De manera que hay montones de beneficios. También supone un «pico» en las venas de la economía norteamericana. Y además contribuye amablemente a la proliferación mundial de drogas, incluido Estados Unidos.

En esto consiste el «milagro económico boliviano». Y no sólo es este caso. Echemos una mirada a Chile. Ahí hay también un gran milagro económico. La pobreza se ha incrementado desde un 20% en tiempos de Allende, recuerdas, el presidente asesinado por un golpe propiciado por EEUU, a un 40% ahora, tras el gran milagro. Y esto es así país por país.

Estos son los tipos de consecuencias que se derivan de lo que se ha llamado apropiadamente «fundamentalismo del FMI». Allí donde se aplica, los eíectos son desastrosos.

Pero desde el punto de vista de los que perpetran estas recetas los resultados son todo un éxito. Si se venden bienes públicos, se puede hacer una gran cantidad de dinero y recuperar el capital invertido en América Latina. El mercado lo estái haciendo muy bien. Los negociantes y los profesionales están muy contentos. Además son los que escriben los artículos en la prensa, los que trazan los planes a seguir, etc.

Métodos idénticos se están aplicando en Europa del Este. Están siendo destacados allí los mismos consejeros. Después de que Sachs perpetrara el milagro económico boliviano, se fue a Polonia y Rusia a enseñar las mismas recetas.

Se oyen montones de elogios del proceso también aquí en EEUU, ya que son una copia ampliada y exagerada de lo que está pasando en nuestros lares. La gente adinerada lo está pasando muy bien, pero la población en general se enfrenta a un serio problema. Es suave si se compara con el Tercer Mundo, pero la estructura es la misma.

Entre 1985 y 1992 la cifra de norteamericanos que pasaban hambre iba de los 20 a los 30 millones de personas. Y todavía el novelista Tom Wolfe describió los años ochenta como «uno de los momentos dorados que la humanidad ha experimentado».

Hace un par de años el Hospital Municipal de Boston, el que atiende a los pobres y al público en general, no el sofisticado hospital de prácticas de Harvard, tuvo que crear una unidad de cuidados para la malnutrición, porque se estaban alcanzando niveles tercermundistas.

Gran parte de la enorme hambruna y malnutrición que se daba en EEUU se erradicó mediante los programas de la Gran Sociedad de 1960. A principios de los años ochenta el fenómeno remontó y ahora las últimas estimaciones cifran en unos 30 millones las personas que pasan hambre en EEUU.

Es mucho peor durante el invierno porque los padres tienen que tomar una agónica decisión entre alimentos o calefacción, y los niños mueren porque no tienen arroz que echar al agua que cuecen.

El grupo World Watch dice que una de las soluciones para el problema del hambre es el control demográfico. áApoya usted los esfuerzos de limítar el crecimiento demográfico?

En primer lugar no existe un problema de escasez de alimentos. Hay un serio problema de distribución. Dejando esto bien claro, creo que debeeia hacerse un esfuerzo por controlar el crecimiento demográfico. Hay una buena forma de hacerlo, mejorar las condiciones de vida.

La población se está reduciendo drásticamente en las sociedades industrializadas. la mayoría no hace más que reemplazar su propia población. En Italia por ejemplo, un país industrializado tardíamente, la tasa de natalidad no llega a cubrir la tasa de mortalidad. Es un fenómeno típico.

Por supuesto el control de la natalidad tiene que ir acompañado de un esfuerzo educativo. Estados Unidos ha jugado un papel terrible en esta materia. Ni siquiera ha destinado fondos a los organismos internacionales que se dedican a la educación sobre el control de la natalidad.

Caso Somalia
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¿Representa la operación 'Restaurar la Esperanza' en Somalia, un nuevo modelo de intervención en el mundo de EEUU?

No creo que pueda calificarse de intervención. Más bien es una operación de relaciones públicas del Pentágono. Es curioso observar cómo ha sido preparada abiertamente. Colin Powell, el jefe de la Junta de Estado Mayor, declaró que iba a ser una gran operación de relaciones públicas para los militares. Un editorial del Washington Post la describió como una bonanza para el Pentágono.

Los periodistas no podían dejar de observar qué estaba pasando. Después de todo, el Pentágono llamó a las agencias y a las televisiones y les dijo «Mira, tenéis que estar en al playa a tal hora, con las cámaras enfocando hacia tal lado, y veréis desembarcar a la Marina, va a ser precioso». Nadie podía dejar de pensar que era una operación de relaciones públicas. Hubiese sido una estupidez de gran calibre.

La mejor explicación para la «intervención» fue, en mi opinión, la que apareció en un árticulo de The Fínancial Times el mismo día del desembarco. No mencionaba Somalia, trataba sobre la recesión en EEUU y de la dificultad de la recuperación económica.

Citaba a varios economistas de empresas dedicadas a inversiones y de diversos bancos, gente en suma preocupada por la economía. Llegaban al acuerdo de que la recuperación es tan lenta porque el método tradicional de estímulo gubernamental, el sistema del Pentágono, no podía usarse tan masivamente como en el pasado.

Bush lo dijo claramente en su despedida cuando explicó por qué se intervenía en Somalia y no en Bosnia. En Bosnia podríamos tener problemas serios. En Somalia la superioridad es aplastante. Suponemos que podemos manejar la situación con unos 30.000 marines.

La hambruna peor ya ha pasado y los combates han cedido. (Han vuelto a recrudecerse porque ahora EEUU trata de implementar su política de intervención cláisica, para áprovechándose de la coyuntura internacional, es decir bajo los auspicios de la ONU.) Hay buenas oportunidades para hacerse unas fotos. Uno espera que se ayude a los somalíes más que dañarles, pero eso no es lo importante. Lo importante es que forman parte de las relaciones públicas del Pentágono.

La prensa tiene que hacer un buen trabajo, porque Somalia tiene un tenebroso pasado.

Estados Unidos fue el que apoyó y mantuvo en el poder a Siad Barre, una especie de gemelo de Saddam Hussein, desde 1978 hasta 1990, una historia bien reciente. Él destrozó el país de arriba a abajo.

Destruyó las estructuras sociales y civiles, de hecho creó las bases de lo que ahora está sucediendo, y de acuerdo con la organización Africa Watch, mató entre 50 o 60.000 de sus paisanos.

Estados Unidos estuvo respaldándole. Sus fuerzas recibieron todo tipo de apoyo de Kenia, un fiel aliado de EEUU en la zona.

Estados Unidos se encontraba en Somalia por una razón específica. Tenía bases militares que formaban parte del sistema montado en la época de la Guerra del Golfo. No obstante, dudo que ésa haya sido la principal causa de la intervención. Hay lugares más seguros y más estables para establecer bases militares.Lo que se necesitaba desesperadamente era hallar un método de impedir que el presupuesto del Pentágono siguiera bajando.

Cuando los comentaristas y la prensa dicen que Estados Unidos no tiene intereses en Somalia se equivocan. Tienen una visión muy estrecha de los acontecimientos. Mantener el sistema del Pentágono es un interés de gran importancia para la economía norteamericana.

En un documento de la Marina publicado en septiembre de 1992 se mantenía que los militares tienen que cambiar su ámbito de actuación, pasando de intervenir contra los amenazas a enfocar su actuación «en los retos que se plantean en las diversas regiones del mundo» incluyendo «ayuda humanitaria y esfuerzos de reconstrucción en los países del Tercer Mundo».

En realidad ésa ha sido siempre la cobertura usada por los militares para intervenir en el Tercer Mundo, Pero el presupuesto militar está dedicado en realidad a la intervención armada. De hecho, las fuerzas estratégicas nucleares son básicamente fuerzas de intervención.

Estados Unidos constituye un poder global. Noe s como la Unión Soviética, que solía intervenir en países fronterizos, donde tenían una gran ventaja en fuerzas convencionales. Estados Unidos interviene en todos los sitios en el Sudeste Asiático, en Oriente Medio y en lugares donde no gozamos de esa ventaja. Así, tenemos que mantener una postura extremadamente intimidatoria para asegurarnos de que nadie nos plante cara.

Esa desventaja requiere un paraguas nuclear , unas armas estratégicas poderosas para intimidar a todo el mundo, de forma que las fuerzas convencionales puedan ser un instrumento del poder político. De hecho, casi todo el sistema militar, en su aspecto puramente militar, no económico, está diseñado para intervenir. Pero a menudo, la cobertura usada ha sido la «reconstrucción nacional». En Vietnam, en América Central siempre hemos prestado «ayudaÌhumanitaria».

De forma que cuando el documento de la Marina señala que ahora tenemos una nueva misión se refiere a la misma historia, a la cobertura usada para intervenir. Sólo que ahora hay que enfatizarla más porque el pretexto tradicional, el conflicto con los rusos, ya no existe.

¿Qué tipo de impacto va a projucir la íntervención norteamericana en Somalia? Un oficial nuestro describió al país como Dodge City y a nuestros marines como Wyatt Earp. ¿Qué sucede cuando el sheriff abandona una ciudad?

En primer lugar la descripción no tiene nada que ver con Somalia. Uno de los aspectos más sorprendentes de esta intervención es que no hay interés por Somalia. Nadie que realmente supiera algo de este país estuvo relacionado con los planes previos a la intervención, y no hay nadie somalí implicado en las operaciones, por lo menos que yo sepa.

Desde que los marines han desembarcado han estado tratando con los llamados «señores de la guerra», los mayores gángsteres del país. Pero Somalia es un país. Hay gente que lo conoce bien y que se preocupa por lo que sucede allí, solo que no tienen ni voz ni voto en esta operación.

Uno de los expertos en el tema es una mujer somalí, Rakiya Omaar, que era directora ejecutiva de Africa Watch, un grupo que vela por los derechos humanos en la zona y que tiene su base en Washington. Ella se encargaba de la mayoría del trabajo sobre derechos humanos, escribía cartas, etc., hasta la intervención. Se opuso vigorosamente a la intervención y la echaron de Africa Watch.

Otra persona que tiene mucho que decir sobre el tema es Alex de Waai, subdirector del mismo organismo. Renunció en protesta por el despido de Rakiya. Además de su trabajo en pro de los derechos humanos es un especialista en la zona. Ha escrito infinidad de arriculos y ha publicado en Oxford University Press el libro más importante sobre el hambre en Sudán. Es decir, no sólo conoce Somalia, conoce muy bien toda la zona. Y hay muchos más. Su anáilisis es totalmente distinto del que hoy se ofrece en EEUU.

La mayoría de las atrocidades cometidas por Siad Barre tuvieron lugar en la parte norte del país, que había sido una colonia británica. La zona se estaba recuperando de los ataques de Barre, que estuvieron respaldados por EEUU, y se estaba reorganizando con eficacia y recibiendo la ayuda internacional. La sociedad civil estaba emergiendo, una sociedad tradicional con sus consejos de ancianos, etc., pero con nuevos grupos sociales asumiendo nuevos papeles. Por ejemplo grupos de mujeres.

La zona que se hallaba en una verdadera crisis era el sur. En parte se debía a la intervención de las fuerzas del General Mohammed Hersi que estaban apoyadas por Kenia. Hersi, conocido por Morgan, es yerno de Siad Barre. Sus tropas así como las del General Mohammed Fara Aidid y All Mahdi, eran las que estaban cometiendo las peores atrocidades. La situación era un verdadero volcán, en la que la gente empuñaba las armas sólo para sobrevivir. Los saqueos eran constantes y había una gran cantidad de pequeños gángsteres adolescentes.

Hacia septiembre-octubre, la región estaba también recuperándose. A pesar de organizaciones como US Care, y de las extremadamente torpes operaciones de la ONU, otros grupos asistenciales como la Cruz Roja Internacional, Save the Children, o grupos más pequeños como American Friends Service Committee o Australian Care estaban consiguiendo hacer llegar la ayuda a sus destinatarios.

A principios de noviembre el 80% o 90% de la ayuda era entregada, y a finales de noviembre la cifra superaba el 95%. La razón es que se estaba trabajando en cooperación con la sociedad civil somalí. En este meridional y apartado rincón de hambre y violencia las cosas estaban empezando a funcionar, de la misma forma que funcionaban en el norte.

Una gran parte del éxito se debía a las iniciativas del negociador de la ONU, el argelino Mohammed Sahnoun, que era muy respetado por todas las partes. Trabajaba en contacto con los grupos de ancianos y con los nuevos grupos sociales emergentes, especialmente con los grupos de mujeres, que estaban estructurándose con el resto de la sociedad bajo su actuación, o al menos bajo su iniciativa.

Pero Sahnoun fue cesado por Butros Ghali porque había criticado públicamente la incompetencia y corrupción de la actuación de la ONU. Fue reemplazado por un iraquí, que aparentemente ha conseguido bien poca cosa.

La intervención norteamericana fue planificada para un poco después de que se celebraran elecciones. La historia oficial es que fue decidida a finales de noviembre, cuando George Bush vio unas estremecedoras imágenes por televisión. Pero de hecho, periodistas norteamericanos pudieron ver en Baidoa a principios de noviembre a oficiales de marines vestidos de civil explorando la zona, y planeando dónde iban a establecer su base.

Esto era más racional. Lo peor del a crisis ya había pasado, la sociedad estaba recomponiéndose, y se podía estar bien seguro del éxito del reparto de la ayuda porque de hecho ya estaba siendo correctamente repartida. Ya se podía enviar 30.000 marines. No habría mucho combate, porque la lucha no entraba en los primeros planes. De manera que no era en absoluto Dodge City.

Bush tenía la posibilidad de hacerse la foto y dejar al siguiente que afrontara los problemas que se iban a plantear más tarde. Nadie se preocupaba de lo que pasaba en Somalia. Si la cosa salía bien, estupendo, aplaudiríamos nos besaríamos unos a otros y nos desharíamos en autoalabanzas. Si se convertía en un desastre, bueno, tendríamos que actuar como en otras intervenciones desastrosas.

Después de todo teníamos una larga experiencia.La de Granada por ejemplo. Fue una intervención humanitaria.Ibamos a salvar a la gente de la tragedia y a convertir la isla en lo que Reagan llamó un «escaparate de la democracia» o un «escaparate del capitalismo».

Estados Unidos derramó ayuda a manos llenas. Granada tuvo la ayuda per cápita mayor del mundo al año siguiente, a continuación de Israel que es harina de otro costal. Y se convirtió en un desastre.

La sociedad se colapsó. Lo único que ahora funciona es el lavado de dinero proveniente de la droga. Pero nadie quiere enterarse. A las cámaras de televisión se les dijo que enfocaran hacia otro lado.

De esta forma si la intervención de los marines resulta un éxito, lo que es probable, se le prestará la debida atención y nos desharemos en autoalabanzas sobre lo maravillosos que somos. Si se convierte en un desastre, no existe, el país desaparece del mapa, olvidémoslo.

En cualquier caso, así no podemos perder.



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